lunes, 30 de junio de 2008

Imágen de una perversión (Capítulo 10)

Sevilla, 1571


El destino se había truncado. Acababa así con su venganza y se disponía a seguir algo que no podía entender. Salió del lugar.

Sin vacilar, sacó un carboncillo y escribió una frase en la pared:

FINIS NON TIBI PENDET

Acabado esto, se percató del caminar de alguien; un hombre corpulento hacía presencia. Cruzó la puerta; tras él, dejó el carboncillo y siguió sus pasos.

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