lunes, 30 de junio de 2008

Imágen de una perversión (Capítulo 5)

Sevilla, 1571

Las pesadillas más horrendas vividas en los largos días de combate, no se podían comparar con lo que había vivido hace escaso rato; y esa frase en la pared. Corrí calle abajo. Al mismo tiempo que transitaba a toda prisa las callejuelas de mi ciudad, muchos de los peatones se apartaban viendo como me apresuraba por encontrar a mi viejo compañero. Di con mi amigo en uno de los barcos amarrados a la derecha del muelle. Sin pensarlo dos veces, grité su nombre.

-¡Tomás!, ¡Tomás de Caviedes!. ¡He cambiado de opinión! -berreé. Todos los presentes en aquel momento giraron su cabeza con motivo de comprobar a que se debían tantos alaridos. Por suerte, logró escuchar mis palabras.

-¿Qué ocurre Guillermo?.

-¡He cambiado de opinión!

- Bienvenido, entonces –respondió El Castellano

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