Sevilla, 1571
Las pesadillas más horrendas vividas en los largos días de combate, no se podían comparar con lo que había vivido hace escaso rato; y esa frase en la pared. Corrí calle abajo. Al mismo tiempo que transitaba a toda prisa las callejuelas de mi ciudad, muchos de los peatones se apartaban viendo como me apresuraba por encontrar a mi viejo compañero. Di con mi amigo en uno de los barcos amarrados a la derecha del muelle. Sin pensarlo dos veces, grité su nombre.
-¡Tomás!, ¡Tomás de Caviedes!. ¡He cambiado de opinión! -berreé. Todos los presentes en aquel momento giraron su cabeza con motivo de comprobar a que se debían tantos alaridos. Por suerte, logró escuchar mis palabras.
-¿Qué ocurre Guillermo?.
-¡He cambiado de opinión!
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